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miércoles, 7 de marzo de 2012
No sabe
Cuando estaba en el marco de la puerta no supo qué tenía, qué quería o que haría; ¿subir una escalera?, ¿bajarla?, ¿treparse? Deber. Querer. Hacer.
No supo si quería asomarme a la ventana y contemplarlo todo para luego pintarlo en un lienzo más grande que su cuerpo, y que los manchones fuesen la voz que el paisaje proyectaba.
No supo si subir corriendo las escaleras y quedarse mirando las cometas revolotear.
Tal vez agacharse a la altura de un niño pequeño y con la mirada contarle que todo iba a estar bien; que cuando se mide un metro más todavía se puede conservar la sonrisa.
Pensó que podía enfocar, iluminar y vestir un espacio para convertirlo en otro.
Se vio dispuesto a habitar con una torre de libros, y un poco de ron por las noches de invierno.
Caminar por calles desconocidas, encubiertas y revelarlas a través de su cámara de fotos. A través de líneas que le dictaran sus impresiones.
Quiso conocer cada planta y flor y saber cuidar de ellas. Preferió inventarse historias y escuchar otras.
Pasarse la vida disfrutando de mezclar colores en un plato.
Perejil, ajo, morrón.
Supuso ayudar. Construir un espacio y personajes que se movieran en él; una historia. Debió inventar.
Pensó en zambullirme y nadar, pero todavía no sabía en dónde. Miró el reloj de su muñeca y supo que transitar el mundo sin inventarse un lenguaje propio sería imposible.
Que construirlo sería difícil.
Y que conseguirlo sería el signo de un compromiso mayor.
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